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"Lo pasé mal con el ataque de tiburón y no me gusta contarlo"

Publicado por Marc Fontrodona · 12/11/2013 ·

El 16 de diciembre del 2010, un tiburón atacó a Jordi Gràcia en Fiji. Sobrevivió. Era la segunda persona -la primera, curiosamente, había sido su profesor- en hacerlo en el país y fue una auténtica experiencia digna de ser contada. Por aquél entonces, yo todavía no trabajaba en Trickon, pero desde que entré tenía en mente una charla con él para que nos contara cómo fue.

Después de una larga -aunque se hizo muy corta- explicación en que me lo contó todo, vamos a centrarnos en aquello que me llevó a hacerle la entrevista: que sobrevivió a un ataque de tiburón y fue una odisea. Aquí va su relato, dividido por 'capítulos':

"Si te lo miras con perspectiva, tenía muchos números de que me pasara"

Estaba en Fiji porque había viajado allí antes, había aprendido a surfear allí, es un sitio precioso y quería presentar a una gente de una comuna al colega que viajaba conmigo.

Y... respecto a los motivos, se dieron unas circunstancias que si te lo miras con perspectiva, tenía muchos números de que me pasara. La primera, que estaba en al desembocadura de un río y eso provoca que los peces grandes, en general, estén ahí esperando a los pequeños para comer. La segunda, que es la época de apareamiento de tiburones, con lo que están más pendientes de comer y que no les falte de nada. La tercera, que había llovido el día anterior y el agua estaba de color marrón, con lo que si normalmente no ven bien, así es todavía peor.

"Vi que me colgaba el pie"

Estaba yo remando a 50 metros de la playa, yendo a por una ola y después de 3 horas de surf. Entonces ocurrió todo de golpe. Me cogió el pie por debajo y tuve la suerte que le quedó dentro de la boca, con lo que no me cortó los dedos y los sigo teniendo todos. Entonces, lo que hace el tiburón es torcerte el pie y hacer tres tirones: derecha, izquierda, derecha, como si desclavaras un clavo de la pared. Van muy rápido, quieren arrancar. Por suerte, no pudo hacerlo porque era una cría...

Cuando me soltó, saqué la pierna del agua y vi que me colgaba el pie. Fue todo muy adrenalínico, muy rápido, no sientes el dolor, lo único que ves es el pie colgando. No sabes hasta dónde te ha lesionado pero ves que tú estás 'bien', que no te mareas ni nada y gritas "Barracuda attack" (en ese momento pensaba que era una barracuda, porque un tiburón lo hubiera arrancado de cuajo)!!

Lo más impactante es la mancha de sangre tan grande que se crea a tu alrededor. Entonces me subí a mi tabla para que no colgara nada más. Tienes la sensación de no saber cómo salir de allí, porque no quieres meter los brazos en el agua. Por suerte, me dieron una longboard para tener más estabilidad y, en posición fetal, llegamos a la costa en 2 o 3 olas.

Antes de salir del agua, como el mar estaba raro, me cayó el pie al agua y, entre que está salada y que te empuja la fuerza de las olas, entonces sí que vi las estrellas.

"La sangre salía como un aspersor, muy peliculero"

Una vez en la playa, ahí estaba mi amigo Albert (fisio, por cierto), que me dijo que la sangre salía como un aspersor. Yo escuchaba el ruido. Muy peliculero todo. Me intentó hacer dos torniquetes, porque no sabía si tenía la aorta afectada.

Primer problema: no sabían cómo llevarme, puesto que para llevarme hasta la comuna había unas dunas de arena que quemaban una barbaridad. Si vas solo pasas corriendo, pero con el peso de alguien, te hundes y te quemas; y nadie llevaba calzado normal. Primera solución: por suerte, había un pescador en la zona que había empalmado la sesión de pesca con la de surf y tenía el barco ahí, con lo que me subió y me llevó remando río arriba hasta Kulukulu.

Segundo problema: el primer centro médico estaba a 30 minutos andando, en Sigatoka; y el pie se me estaba empezando a enfriar y ya sufría. Por suerte, había un japonés en la comuna que tenía coche y me pudo llevar.

"Mi amigo era quien me administraba la morfina"

En el centro me hicieron radiografías, me pincharon morfina y me llevaron en una ambulancia muy antigua -por cierto, el ambulanciero no tenía suficiente fuerza para subirme... imaginad el nivel- hasta Lautoka, donde está el único hospital público. Para llegar, por esas carreteras y con el pie así, un drama...

Una vez allí me hicieron esperar 8 horas en Urgencias y me iban enchufando más morfina. Ya en planta, como no había suficientes enfermeras, era mi amigo quien me suministraba la morfina. Pillé un chute tremendo, estaba flipando mandarinas. Lo tengo todo grabado en una peli de 20 minutos muy divertida.

Me llevan a quirófano y allí me opera un filipino. Y para que veáis el nivel, piensa que pude entrar con la cámara y que lo pude grabar (aquí debajo tenéis la versión corta del vídeo). Pero es que además... en el quirófano había la camilla y 4 cosas que no parecían del siglo XXI, me acompañaban también unos tablones por aquí, un saco de patatas por allí... como que no era un quirófano, vaya. ¡Y en el hospital principal!

"No había ningún control, la gente venía a visitarme, a contarme cosas"

Capítulo aparte merece mi estancia en el hospital. Estuve 5 días ingresado e hice un máster, porque ahí no hay ningún control y va viniendo toda la gente a contarte cosas de tiburones, anécdotas, gente borracha... un festival. Como la gente no tenía nada que hacer, decían: vamos a ver al turista atacado por un tiburón. Me veían como una celebridad... ¡fui la portada del diario más importante!

"En una semana y media, herida infectada y el talón pudriéndose"

Volvamos a la lesión y la operación. Para rematarlo, como es público y no hay mucho dinero, me pusieron menos puntos de los necesarios. Bien repartidos, cada 2 o 3 cm, un total de 23 o 24 puntos. Se ve que me había roto 4 de los 5 tendones pero no me tocó el hueso, por suerte.

Como había pocos puntos, después del primer día la venda se quedó encerrada dentro de la herida. Cuando me hacían la cura cada 24 horas no había más remedio que estirar. Qué dolor. Y no había 'cojones' a que me durmieran y la enfermera no podía hacerlo, así que... al final lo acabó haciendo también mi amigo.

Al cabo de 5 días ingresado, volvimos al ambulatorio de Sigatoka y, a pesar de que las instrucciones del médico eran que había que hacer una cura cada día, apuntaron en el informe cada 3. Y claro, en seguida aquello estaba infectado, se me había puesto verde. Además, la prótesis que me dieron para que se me aguantara el pie era muy dura y rígida y las humedades se iban condensando en el talón. En una semana y media, herida infectada y el talón pudriéndose, que es como una naranja que se vuelve verde... Había un riesgo muy grande de perderlo.

Australia, la salvación

El ataque fue el 16 de diciembre y como ya teníamos pensado ir a pasar fin de año en Sídney, el 30 aprovechamos que teníamos los billetes para ir. Aprovechamos el día yendo a un hospital, el St. George, uno de los mejores de la ciudad. Después de 7 u 8 horas, me dijeron que no se atrevían a hacer nada y que volviera a Barcelona porque no querían correr el riesgo de que lo perdiera o que la compañía de seguros no se hiciera cargo de la operación.

Finalmente, nos enviaron al St. Vincens Hospital. El 31 fuimos allí y tuvimos la suerte de encontrarnos con una doctora que se enrolló mucho. No solo asumió la responsabilidad de curar el pie, sino que lo hizo sin operar y nos dio más medicación de la que tocaba, más gasas y más material, para que mi colega pudiera hacerme las curas fuera del hospital. Gracias a los 2, salvamos el pie. Luego fueron 3 meses en silla de ruedas y, en 3 o 4 más, otra vez a hacer surf.

Lo pasé mal y no me gusta contarlo, no me gusta hacer bandera de ello, nada más lejos de la realidad, pero entiendo que la historia es interesante y por eso lo hago.

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