Lo intentaron frenar, pero el Halloween Hellbomb ha vuelto a Los Ángeles. El festival de skate disfrazado que Thrasher lleva años mostrando al mundo celebró su octava edición este 2026, con un formato mucho más pequeño que el de otros años.
Fue un evento privado, solo con invitación y celebrado en Lincoln Heights, pero con el mismo ADN: disfraces, obstáculos imposibles y caídas que dejan huella.
Cómo llegó el Hellbomb hasta aquí
El Hellbomb funciona sin jueces y sin reglas, y vive de la energía de una comunidad que se disfraza y se lanza por obstáculos al límite. En 2025 se celebró en el centro de Los Ángeles, en la calle First, entre Hill y Olive, una de las cuestas más empinadas de la ciudad. Contaba con permiso y con premios de hasta 5.000 dólares para los mejores trucos, pero acabó mal.
Un grupo se desmandó fuera de la zona del evento y destrozó un Waymo, un coche autónomo. La policía de Los Ángeles intervino con equipo antidisturbios y la fiesta terminó antes de tiempo, con una detención. Los organizadores, entre ellos Bobby Bils, Kyle Walsh y Austin Leleu, condenaron lo ocurrido y aseguraron que trabajarían con la ciudad para que los próximos eventos fueran seguros.
Un Hellbomb más pequeño, pero igual de bestia
Tras aquellos incidentes, la ciudad no habría permitido repetir un evento público. La respuesta fue una fiesta privada en Lincoln Heights.
Thrasher lo resumió con humor: lo intentaron prohibir, pero la sangre vuelve a correr por las calles. Su vídeo promete “sacks”, slams y víctimas entre cámaras, en lo que define como la mejor fiesta de disfraces del skateboarding.
El YouTuber Lando Visionz grabó el evento completo desde su punto de vista y lo subió a su canal con el aviso de que hay slams y obstáculos “insanos”. Thrasher ha publicado además su vídeo oficial y una galería de fotos del evento.
Críticas por ir a puerta cerrada
No todo el mundo ha aplaudido el cambio. Parte de la comunidad skater de Los Ángeles criticó que el evento no fuera público y que se avisara con poca antelación, sobre todo tras los vídeos teaser que circulaban en redes. Para muchos, la gracia del Hellbomb era precisamente el caos de la calle y la libertad de poder aparecer sin invitación.
Otros lo ven como una consecuencia lógica de lo ocurrido en 2025: si el evento sigue en pie, es gracias a un formato más controlado. Queda por ver si 2026 fue una excepción o si el Hellbomb seguirá siendo privado en el futuro.
Con sus altibajos, el Hellbomb se ha convertido en un ritual de Halloween para el skate mundial: costumbres, cuestas y obstáculos que mezclan creatividad y locura. Este año demuestra que puede adaptarse sin perder su esencia. Y en Trickon seguiremos pendientes de lo que venga.