Hay récords que se superan por un margen mínimo y otros que reescriben los límites de un deporte. El de Diego Poncelet pertenece a los segundos.
El skater español, bicampeón del mundo de downhill, ha alcanzado 151,83 km/h (94,34 mph) sobre una tabla y se ha convertido en la persona más rápida de la historia en skateboard de pie, un título certificado por Guinness World Records.
Una carretera de Quebec y un juez de Guinness
La marca se logró el 17 de septiembre de 2026 en la Route du Port, en Les Éboulements, en la región canadiense de Charlevoix (Quebec). La carretera se cerró al tráfico para la ocasión y un adjudicador de Guinness estuvo presente para validar el intento.
El escenario no es casual. En esa misma colina, Pete Connolly había fijado en 2017 el récord anterior, de 146,73 km/h. Connolly falleció en 2025 a causa de un cáncer y Poncelet ha convertido todo el proyecto en un homenaje a su memoria.
Fue de los pocos que creyeron que los 150 km/h eran posibles y le animó a ir a por esa cifra y por esa carretera.
Del 146,88 a los 151,83: cinco días esperando al viento
Poncelet batió el récord ya en su primera jornada de pruebas, con 146,88 km/h. Pero esa marca no le bastaba. “A 146,88 km/h todavía no estaba satisfecho”, reconoce, y admite que le daba miedo que los 150 no fueran posibles.
Con un viento lejos de ser el ideal, tocó esperar cinco días hasta que se abrió la ventana perfecta: un viento de cola de entre 10 y 14 km/h desde el nordeste. Con él, Poncelet mejoró su propia marca en casi 5 km/h. Y fue entonces, cuando alcanzó los 151, cuando se sintió “completamente eufórico”.
El viento fue el gran enemigo. Su tío, Miguel Sánchez Cuenca, meteorólogo de la élite de la America’s Cup, explica que en ese valle suelen soplar vientos del suroeste, justo lo contrario de lo que necesitaba Diego. La ventana fue breve y llegó mientras el viento giraba, y el equipo la aprovechó con el ángulo justo.
El descenso: 2,2 km, una pendiente del 18% y cero frenos
La carretera mide unos 2,2 kilómetros, alcanza un 18% de pendiente y tiene una recta de unos 600 metros. Poncelet pasó años buscando el lugar ideal, con visitas a Austria, Irlanda y Canadá.
Se pasó noches enteras mirando mapas y llegó a probar otras carreteras, pero concluyó que esta no tenía rival. Según sus propias palabras:
“No hay otra carretera igual en el mundo”
A esas velocidades, Poncelet apenas podía moverse sin comprometer la estabilidad, así que se guio por la memoria y por las líneas blancas del asfalto. Había memorizado cada curva porque, a más de 150 km/h, la siguiente llega antes de que haya tiempo de decidir nada.
Ciencia, ingeniería y años de preparación para un solo momento
Detrás de la bajada hay mucho trabajo. Poncelet pasó por un túnel de viento en Ginebra para afinar su postura y calcular cuánto tiempo podía mantenerla. Trabajó para ganar masa sin perder aerodinámica, mejoró la movilidad del torso y entrenó el cuello hasta poder adoptar una forma similar a la de un ala.
El material se diseñó al milímetro. Su mono, con tejidos texturizados, ayuda a que el aire se mantenga pegado al cuerpo y reduce la estela turbulenta, mientras que un spoiler en la espalda le permite esconder las manos.
Prada Linea Rossa, patrocinador del récord, desarrolló con él unas zapatillas de punto 3D sin costuras y unos guantes con pucks que, además de cortar el viento, le permitían apoyar las manos y derrapar en caso de emergencia. La tabla, su modelo profesional de 9.81 Skateboards con ruedas Seismic, iba protegida por un carenado de fibra de carbono hecho a medida.
El equipo incluyó a Martin Siegrist, ingeniero y excampeón del mundo, que diseñó los carenados mediante modelado 3D, y a Porsche, que aportó el 911 de seguimiento y un Cayenne Electric como coche de seguridad, además de formar a los conductores para garantizar la máxima precisión.
Qué significa este récord para el skate
Poncelet ha demostrado que un skater de pie puede superar los 150 km/h manteniendo el control de la tabla, y ha llevado el downhill a un terreno donde cuentan tanto la técnica como la aerodinámica, la meteorología y la ingeniería.
Para él es también el final de un camino que empezó cuando soñaba con ser piloto de Fórmula 1 y terminó encontrando en el skate la forma de perseguir la velocidad. Lo que le movía era saber cómo se sentiría algo que nadie había sentido antes. Ya lo sabe.